A lo largo de estos años estudiando la carrera de Magisterio de Primaria, este era el momento que había estado esperando con muchas ganas, ¡mi primer día de prácticas!
Recuerdo que desde el momento en que entré en el aula, sentí la curiosidad en los ojos de los niños, no sabían quién era yo ni qué hacía ahí, me presente a todos ellos y desde eso momento todo fue sobre ruedas, miraba a mi alrededor, escuchaba las risas de los niños, el bullicio y entendía por qué escogí este camino.
Todo no ha sido perfecto, durante mi experiencia he tenido que hacer frente a problemas que les surgían a los niños, resolver enfrentamientos, secar lágrimas, animar y apoyar. Pero he intentado estar a pie de cañón en todo momento, dando lo mejor de mí en cada momento.
Cada niño tenía una historia personal y mucho que contar, una personalidad única, y algo bonito que aportar al aula, y contribuir en su camino y formación me ha llenado de aprendizaje y grandes experiencias.
Conocer a todos mis alumnos ha sido cómo abrir un libro repleto de aventuras, y grandes momentos donde cada página estaba llena de nuevas posibilidades, de aprendizaje y crecimiento personal.
Pienso que ejercer de docente es un trabajo muy bonito pero que requiere gran esfuerzo y dedicación, y a lo largo de mi periodo de practicas me he dado cuenta de que mi papel va mas allá de impartir clases, un profesor es un modelo a seguir, todo lo que haces y dices inspira a los estudiantes a conseguir su máximo potencial, es importante trasmitirles esas ganas de aprender, y el deseo de descubrir nuevos conocimiento. Quiero destacar el papel de los padres, creo que es fundamental la colaboración de las familias en la etapa escolar.
En mi futuro como docente espero despertar la curiosidad y el anhelo de aprender de mis alumnos, al final esa es la belleza de este trabajo.